Comenzó como un juego y termina como un juego.

Cada martes llegaba a Casa Poesía, el taller de Eliana Drajer, con un par de escritos breves. Los compartía con mis compañeras y compañero: Marta Lorenzo, Virginia Orallo, Susana Linares, María del Carmen Capdepón y José Carlos Avogadro. Me gustaba el efecto de dejarlos mudos un ratito (a veces era porque tenían una galleta o alfajorcito de maicena en la boca).

Sentía que no eran poemas, al menos no como los que había escrito antes. Las bauticé barbabrevedades. Eliana, buena amante de los desafíos poéticos y de la unión de palabras, me alentó a seguir jugando.

Aprendí tres de memoria y aproveché el festival de APOA de poesía joven, para compartirlas con otres poetas, en Buenos Aires. Esas tres barbabrevedades salieron publicadas en la página de La Juntada . Siempre a mano en mi cabeza, fueron el talismán de los micrófonos abiertos en cada recital de poesía o lectura pública, allá y en Mendoza.

Seguí jugando. ¿Quién iba a pensar que el juego iba a acompañarme a subir el escarpado de un pozo demasiado profundo?

Cuando se acumularon suficientes, los imprimí y les di un orden. Mercedes Fernández me había enseñado que un concurso es buena excusa para cerrar una obra. Los presenté en el Certamen Literario de Vendimia.

Alguien del jurado (creo que Alejandro Frías) escribió un comentario con lápiz al final de una copia anillada. Hacía referencia al epígrafe que de apertura al libro: “A poem is a meteor”, de Wallace Stevens (Adagia). Leí el comentario meses después, cuando fui a pedir la devolución de los ejemplares impresos, en Cultura.

Pura sincronicidad. Porque apenas me enteré de que Sabrina Usach había ganado del Certamen Vendimia, compartí las Barbabrevedades con Sabrina Barrego (quien obtuvo una mención en ese mismo concurso). Sabri, compañera del Chuncanxs, hizo algunas sugerencias. La primera, que contara algo más sobre la salida del agujero (ella fue de las pocas personas que se animaron a escuchar esa historia completa). La segunda, que pensara en otros títulos.

El juego siguió fluyendo. Una mañana salió de un tirón el capítulo que faltaba.

Más adelante presté atención a los libros pequeños de mi biblioteca. Me fui a las microficciones del querido Roque Grillo. Macedonia ediciones. La misma que publica a Leonardo Dolengiewich y la exquisita Cofradía del Cuento Corto (Beber para contarla, de Débora Benacot, Carolina Fernández, Leo Mercado, Grillo, Juan Manuel Montes, Juan Romagnoli).

Me animé a hacer algo más que quejarme en cuarentena. Escribí un email. Macedonia dijo que sí.

José Luis Bulacio, el editor, me invitó a buscar otra imagen de tapa (en lugar del dibujo que yo había hecho) y un prólogo. Entonces Ela Matilda se unió al juego, con una lectura de Meteoritos plasmada en colores y formas de ensueño. Además sumó otros aportes comunicacionales súper valiosos. Volvió Sabrina Barrego, empuñando sus dotes líricos y de crítica, escribió el comentario que da inicio al libro y la contratapa.

Correcciones van, correcciones vienen, Meteoritos me impidió hibernar este año.

Hoy llegó un email de José Luis con la tapa lista. Siento que ya no puedo esperar más para compartir tanta alegría.

Portada ilustrada por Ela Matilda
Portada, con ilustración de Ela Matilda. Instagram @mybodymyjokes

 

Esto no termina. Pronto voy a invitarte a jugar. Podés enterarte si seguís seguís mis redes (@AnaOcaterli, en Instagram, Twitter o Facebook ), las de Macedonia (Macedonia en facebook ) y el hashtag #meteoritosbreves en las redes.

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