Presento el libro Sombras de Colores en la 43° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Es 4 de mayo, día en que cumpliría años mi bisabuelo Cristóbal Santiago.

Agustín Aguilar está a mi lado con el saxo. Él es uno de mis 20 primos por rama materna, bisnieto también de Cristóbal.

En el público veo a mi madrina de bautismo y a una joven tía abuela, hija de Cristóbal. También están mis amigas de la Biblioteca Popular Lucila Bombal, de Rodeo del Medio, y las nuevas amigas de la Biblioteca Popular Ingeniero Giagnoni, de Junín. Todas de Mendoza.

En primera fila, otro mendocino, el poeta Hernán Schillagi junto a una compañera de él que no conozco. Veo que algo comentan entre sí, pero no consigo escucharlos.

En el fondo, Sandra Flores Ruminot, poeta y promotora de la literatura mendocina.

Entre medio, otros rostros sin nombre ni lazo ni etiqueta. Una mujer toma asiento para deleitarse con la música y otros que luego, en el pasillo, demorarán el tránsito para escuchar algo de lo que leeré.

Un hombre de anteojos grandes presta mucha atención. Después sabré que es Leopoldo Fidyka, uno de los organizadores de la Mateada Poética. Por ahora es sólo un contacto de Twitter que dijo presente.

Ubico a David, el joven que se encarga del sonido en el stand de Mendoza. David Levy, se llama, nieto del poeta. Como yo, nieta de un poeta.

Comienzo a leer:

Copla al abuelo

Misteriosa Buenos Aires
me recibe como siempre,
recordándome a Cristóbal
en cada calle de encierro.

Un abuelo de mi madre,
un gran contador de cuentos,
me abrazaste con tu nochel
sin dejarme algún recuerdo.

Yo cumplía quince años
flores nuevas llevé a tu nicho
mi abuela te conversaba
poco antes de irse contigo.

Junto a ella, temerosa
leí las letras grabadas,
el  asombro me embargó:
Tu bisnieta lo firmaba.

Cuánta nostalgia brotó
de aquel silencio de sala:
recordé tu tibio pecho
Fue mi primera almohada

Con viejas fotos, preguntas
una anécdota por tía
conseguí reconocerte
en los poemas que escribía

De niña me hamacabas
en tus piernas tullecidas,
relatando las historias
de otras tierras en tu vida.

En la memoria surgieron
las coplas que recitabas
tus manos suaves y gruesas
que mi columpio empujaban.

Logré vencer el olvido
tras el puente de los juicios
veo la trama al fin
de padres madres e hijos.

Bisabuelo, con tí yo soy
Poeta en la mirada,
Poeta para nombrarte,
Poeta en pluma, en habla.

El saxo responde desde mi emoción.

Cuando termina, elijo un poema casi al azar. Luego otro y otro.

La música aparece y nos envuelve. Palabras que del libro salen por mi boca.

Escucho ahora. Luego hablo. El diálogo continúa un poco más.

Quizás digo demasiado. Quizás algo queda para escribir en las dedicatorias.

Pasan los días. He olvidado escribir en el blog que estuve en Buenos Aires. Mayo está a punto de quedar sin entradas.

Aparto tareas del escritorio. Tengo en frente una silla con ropa que debo guardar en el placard. Saco una libreta. Escribo: “A veces pensamos que necesitamos unas condiciones tales o cuales para poder hacer lo que deseamos”.

Y escribo: “Soy poeta en Buenos Aires. Soy poeta, aquí y ahora. Soy poeta, donde sea”.

Gracias a Franco Serquera, por grabar la presentación. Y a su mamá, Silvia, por compartir el camino de las palabras.

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