Había decidido dejar de estar ansiosa, porque pronto llegarían los cien ejemplares de Sombras de colores que había pedido para la primera presentación (que fue hace dos meses).

En el tercer reclamo que había hecho a la editorial Bubok respondieron que en breve me darían el número de envío. Eso parecía un gran avance.

Durante estas semanas de espera surgieron otras novedades en mis actividades literarias. En el Taller de la Palabra, que retomé en marzo después de haberlo dejado dos años en suspenso, me propusieron colaborar con dos cuentos en la antología anual del grupo. Mercedes Fernández es la profesora, una novelista enamorada de la palabra que he mencionado en otros post y que cerró de maravilla la mesa académica al presentar mis Sombras de colores.

Con mis compañeros participamos de la celebración que organizó Cultura y la SADE Mendoza por el Día del Escritor.
Con mis compañeros y la profesora participamos de la celebración que organizó la Secretaría de Cultura y la SADE Mendoza por el Día del Escritor.

Tengo varios cuentos escritos, serán unos quince, pero muy pocos me gustan. Debía elegir tres para la antología: En el mar violeta, Deseos retrospectivos (dos que llevan varios años archivados) y El nombre (que terminé de armar hace poco). Estaban todos bien, dijo Mercedes, aunque a mí me parecían poco interesantes, sobre todo si los comparaba con algunos de los que había escuchado leer a mis compañeros.

La cuestión es que el encargado de la editorial Librea, de Mendoza, nos convocó para sacarnos fotografías a los participantes de la antología. En total, éramos veintinueve.

Cuentos de veintinueve alumnos de Mercedes Fernández.
Cuentos de veintinueve alumnos de Mercedes Fernández.

Dos semanas después yo seguía esperando mis libros de poesía, cuando me avisó la profesora que habían llegado los de cuentos. Por algún error involuntario, o alguna razón desconocida (y no porque fuera descartado) quedó sin publicar En el mar violeta, que es el relato que a mí más me conmueve. Ése verá a luz más adelante.

Ya tenía diez ejemplares de la antología en la mano. Aunque no eran los libros propios que estaba esperando, sí son mías algunas páginas y estoy orgullosa de ellos. Sobre todo, de compartir el espacio con escritoras de la altura de Rosita Pereyra o María Eugenia Calí.

Como estábamos cerca del Día del Escritor y del Día del Libro se me ocurrió que podía sortear un ejemplar de la antología.

Estaba en eso cuando llegó el número de envío y unos días después, la caja de Bubok. No había imaginado qué tamaño tendría. ¿Cuánto espacio ocupan cien libros? Cuando la vi me pareció que era perfecta, ni chica, ni grande. Pero necesité ayuda para transportarla. Es que estoy embarazada ¿les había contado eso? En vez de cien ejemplares, me enviaron ciento cuatro. Como para remediar la demora, habrá sido.

Ahora tengo libros de cuentos y de poesía para repartir ¿quién quiere uno?

Un arcoiris de Sombras sobre mi escritorio
Un arcoiris de Sombras sobre mi escritorio

¡Vamos, que se agotan!

Si querés reservar uno, podés escribirme un mensaje a anaocaterli@gmail.com

¡Hasta pronto!

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