Hoy traigo la síntesis de un texto que sirve para comunicarnos libres del lenguaje sexista.

La Suelta original, Laura Fiochetta, compartió conmigo un documento muy práctico que en pocas páginas propone un uso no sexista de la lengua castellana. El título es Porque las palabras no se las lleva el viento… y lo escribió Teresa Meana Suárez, una española filóloga, profesora de lengua y literatura castellana en un instituto de secundaria de Valencia y feminista perteneciente a la Casa de la Dona de Valencia.

Para comenzar a cambiar la forma en que escribo y hablo hice un resumen que copio a continuación:

Dado que el lenguaje no es un hecho biológico y natural sino una adquisición cultural y todo lo que es cultura es añadido y, por tanto, modificable por la voluntad de las personas, podemos alterarlo ya que al retocar la lengua se retoca la mentalidad y retocando la mentalidad se retoca la conducta.

Cambiando el uso de la lengua cambiará nuestra concepción de la realidad. Y dado que este proceso es progresivo y no unidireccional, si cambiamos premeditadamente el uso del lenguaje, ello ayudará a cambiar nuestro concepto del mundo. De nuestro papel activo en este cambio dependerá el ritmo al que se modifiquen las concepciones sexistas y androcéntricas.

Hay un tipo de cambio que nos interesa especialmente: en la realidad social existe la conciencia cada vez más pujante de que la existencia de las mujeres debe ser nombrada con el reconocimiento y la valoración de su papel en la vida privada y en la vida pública.

 
Son, por tanto, necesarios algunos cambios en el lenguaje para que se pueda nombrar a las mujeres. Dado que la lengua es un instrumento flexible, amplio y vivo, con la característica de su capacidad para estar en continuo cambio, se puede adaptar perfectamente a nuestra necesidad o deseo de comunicar.
 
Masculino no es universal
Los efectos que producen en la lengua el sexismo y el androcentrismo se podrían agrupar en dos fenómenos. Por un lado el silencio sobre la existencia de las mujeres, lainvisibilidad, el ocultamiento, la exclusión. Por otro la expresión del desprecio, del odio, de la consideración de las mujeres
como subalternas, como sujetos de segunda categoría, como subordinadas o dependientes de los varones.
Como estrategias para solucionarlo, Meana Suárez propone la utilización de:
  • Genéricos reales o nombres colectivos: el vecindario, el personal, la población argentina en vez de los vecinos, los trabajadores, los argentinos;
  • Abstractos: la redacción, servicio de asesoría, equipo de coordinación en lugar de los redactores, el asesor, los coordinadores;
  • Uso de dos géneros gramaticales: dobles formas. En este punto la autora sugiere “cuidar la alternancia (en unas ocasiones femenino/ masculino y en otras masculino / femenino) para no jerarquizar. En castellano se nos enseña a dar el primer lugar a quien queremos considerar (‘Tú y yo somos amigos’, ‘Padre e hijo son abogados’ y no al revés) y por ello es necesario no priorizar siempre el masculino”.
  • Evitar la utilización de la palabra “hombre” como universal. En este punto Meana Suárez sugiere “cambiar por la primera (o incluso la tercera) persona del plural sin mencionar sujeto y en otras ocasiones por los pronombres nos, nuestro, nuestros, nuestra, nuestras. También, a veces, tratar de usar una forma impersonal en tercera persona con se”. Con los ejemplos que da queda más claro: En la Prehistoria se vivía en cuevas, Vivíamos en cuevas o Vivían en cuevas. Así como la humanidad, los seres humanos, la gente, las personas, etc.
  • Combatir el peligro del salto semántico: El alumnado podrá asistir con sus parejas, Los pueblos nómadas se trasladaban de un lugar a otro en vez de Los alumnos podrán asistir con sus novias o Los nómadas se trasladaban con sus mujeres de un lugar a otro.
  • Evitar el uso de el, los, aquel, aquellos, seguidos del relativo que (con sentido general). Puede sustituirse por quien, quienes, las personas que… Ejemplos: Quien sepa leer, Quienes traigan pasaporte en lugar de Quienes traigan pasaporte.
  • Sustituir uno por alguien, cualquiera, la persona, una persona, el ser humano… y si uno es sujeto también se puede utilizar la segunda persona del singular o la primera del plural sin sujeto expreso. De modo que se podrá decir: Cuando alguien se despierta, Cuando lees las noticias en vez de Cuando uno se despierta, Cuando uno lee…
  • Elegir adverbios, pronombres, etc. que no tengan marca de género masculino. Así diríamos mayoría, minoría, con su gente en vez de pocos, muchos, con los suyos.
El documento original suma estrategias gramaticales y desarrolla en apartados especiales las temáticas profesiones y títulos, documentos administrativos. El documento completo aquí.
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