Roses de cuerpos lampiños
adolescentes con rostros de sueño
y cabellos al viento;
manos temblorosas
de emociones prematuras
que alguna vez entregaron
al mes y medio una rosa.

Pasos de pares que estorban
y abrazos incómodos
en escondites húmedos
de latidos marcados,
recovecos con sueños de rojo,
aliento mezquino
y frases ansiosas.
Cuellos sujetos a la marca
del sujeto-propiedad;
cartas de letras borrosas
bañadas en colores
y perfumes dulzones.
Sinuoso camino hasta el encuentro
del molesto sol
que respeta los destinos
si prometen avanzar
libres de brazos:
llanto sin más y, nuevamente,
roses de cuerpos lampiños.
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